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Nuestra conducta viene determinada por la interacción entre factores biológicos, factores ambientales y nuestra personalidad. El cómo nos comportamos depende de la situación en que nos hallamos y de cómo somos. Nuestra personalidad determina, al menos en parte, cómo reaccionamos ante una situación.

La personalidad es el patrón de pensamientos, sentimientos y conductas que presenta una persona y que persiste a lo largo de toda su vida a través de diferentes situaciones. Esto implica que tendemos a comportarnos de forma similar en diferentes contextos y en diferentes momentos de la vida.

Si razonamos lo anterior, podemos ver que en el temperamento (relacionado con la impulsividad), se analiza su posible origen genético y el puesto que ocupa en el desarrollo de la persona, con especial relación a la afectividad. Al hablar del carácter, se analiza su estructura y el valor que se le ha concedido, sobre todo, en el campo psicoterapéutico, y la personalidad, como configuración de cinco sistemas básicos: percepción, cognición, emoción, motivación y acción. Además de influir en nuestro comportamiento, se considera que el temperamento y las características de personalidad influyen en la aparición de problemas psicológicos.

 Las pautas dadas al manejo de la ansiedad y estrategias de autocontrol emocional deberían acompañase de intervenciones que trabajen los aspectos positivos.

Seligman et al. (2005) evaluó la eficacia de 5 ejercicios positivos diferentes con el objetivo de incrementar niveles de bienestar y reducir la sintomatología depresiva. Las intervenciones en Psicología Positiva tienen, de modo general, la finalidad de reducir y prevenir problemas, conflictos, o síntomas pero tambiénla mejora de las condiciones subjetivas de vida, el estado emocional, las fortalezas psicológicas y, en último término, la satisfacción con la vida.

 ¿Se puede “cambiar” la Personalidad?

En mi opinión, aunque hay rasgos genéticos, podemos modificar aspectos que poco a poco nos ayudan a mejorar nuestra forma de pensar o a controlar impulsos, ayudándonos a interaccionar con el medio que nos rodea de una forma más adecuada. Esto variará nuestra forma de pensar, sentir y actuar estableciendo nuevos rasgos de personalidad.

El desarrollo de la personalidad adulta se construye sobre el crecimiento de la personalidad desarrollada en la niñez. Para Rotter nuestro aprendizaje sucede dentro de un contexto social donde la mayoría de nuestras motivaciones incluyen otras personas. Dicho problema de personalidad puede venir por algún problema que causa una desestabilización emocional, provocando un conflicto a nivel interno que puede desembocar a lo largo del tiempo si este no es tratado en diferentes síntomas o déficits en habilidades sociales.

Una conducta aprendida, observada (modelado) y sostenida a lo largo del tiempo se le denomina proceso vicario. Las personas son capaces de interiorizar los procesos motivacionales, adquiriendo autorregulación y proporcionando auto refuerzo ante muchas de sus conductas. La persona y el ambiente están entrelazados de forma muy compleja, por ello, cómo se aprende la personalidad, Bandura, también ha analizado la forma en que la personalidad influye en la conducta y en un contexto social: su modelo de determinismo recíproco.

Desde un abordaje clínico de la Personalidad los estudios indican que ciertos tipos de estilos de personalidad generan conductas de salud, mejores relaciones interpersonales y más bienestar. El tratamiento psicológico debiera siempre centrarse en potenciar cambios para que las personas adquiriesen estos estilos “más saludables” de personalidad.

Cuidar de la salud mental será esencial para aprender hábitos o estilos que potencien nuestro bienestar mental y no solo físico, y para ello, es fundamental aprender hábitos saludables para no ser “analfabetos emocionales”, sin dejar de lado otras técnicas de ayuda. Si la base de la mayoría de los problemas están originados por falta de recursos para administrar las emociones que mal gestionadas se sabe que provocan daños a nuestro cuerpo, deberíamos aprender desde pequeños a como gestionar nuestro estrés, nuestros miedos… que son la base de multitud de problemas como; El mal humor, falta energía, insatisfacción, dependencia, ansiedad, depresión, problemas de atención, pensamientos obsesivos, agresividad… que a su vez generan estados de ánimo y pensamientos negativos.  Un estado de ánimo negativo es capaz de modificar nuestro pensamiento generando descontrol emocional.  Si desde pequeños aprendemos a utilizar distintas herramientas que nos ayude a manejar o gestionar las diferentes situaciones, a ser optimistas y tener capacidad de frustración, en definitiva, a canalizar las emociones hacía un fin más productivo, siendo esta una verdadera actitud maestra. De esta forma fomentamos nuestra inteligencia emocional para controlar impulsos, regular nuestros estados de ánimo, motivarnos a nosotros mismos y actuar eficazmente para poder guiarnos de forma eficaz más planificada y estructurada. Sería adecuado intervenir desde la infancia, desde los patrones de educación familiar, para establecer más fácilmente estos estilos, y una de las medidas preventivas más eficaces consiste en ayudar a que la persona gestione mejor sus sentimientos (enfado, ansiedad, depresión, soledad…) ya que las emociones negativas crónicas son tóxicas.  Por ello, es importante que los niños aprendan a dominar mejor estas emociones en beneficio médico. Tomar conciencia de los saludables efectos preventivos de la educación infantil en los rudimentos básicos de la inteligencia emocional para que se conviertan en hábitos que perduren durante el resto de la vida. En realidad, el aprendizaje de habilidades emocionales comienza desde que nacemos, ya que son durante los primeros años de vida cuando se asientan los rudimentos de la inteligencia emocional para posteriormente seguir modelándose.  Durante los cuatro primeros años de vida, el cerebro de los bebés crece y es un período clave en el aprendizaje emocional, es por eso, que las lesiones más graves se produzcan durante este periodo, pudiendo terminar afectando a las experiencias vitales posteriores, ya que es un aprendizaje muy profundo. Y aquí la importancia de los patrones del educación familiar y de la conexión a nivel emocional de padres a hijos, cuando los padres fracasan reiteradamente en mostrar empatía hacia una determinada gama de emociones de su hijo – risa, llanto, un abrazo…, el niño dejará de sentir ese tipo de emociones comenzando a desvanecerse en el repertorio de sus relaciones, por este motivo, los niños pueden alimentar también una serie de emociones negativas dependiendo de los estados de ánimo que ya han sido reforzados por sus padres.

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