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Ante la situación actual y con tantos meses de estrés y tensiones, lo normal es que aparezcan emociones como la:

• Culpa, por la posibilidad de contagiar a la familia, debido a la responsabilidad que se siente tanto por el trabajo como por la propia familia. 

• Impotencia, por la falta de medios por parte de las empresas para las que se trabaja, y falta responsabilidad que a veces se ve en el entorno donde se desarrolla dicha labor, generando pensamientos de no poder proteger a la familia.

Sentimientos de indefensión, ante la falta de control sobre lo que está sucediendo. 

• Miedo, malestar ante la incertidumbre, ira hacia la empresa. 

Por eso, es importante analizar y normalizar la situación para poder valorar y saber que hacer ante la tristeza, apatía, desesperanza u otros sentimientos que nos invaden a lo largo del día. Y si la situación nos supera hay que  empezar por la capacidad para pedir ayuda.

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