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La relación entre el mindfulness y las enfermedades coronarias está siendo cada vez más estudiado en la actualidad, sin embargo, este tipo de terapia se ha encontrado relegada a un segundo plano durante años (Malm et al., 2018) eclipsada por la farmacología.

 

De este modo, con el fin de mejorar la calidad asistencial del paciente, en 2018 fue desarrollada una investigación realizada por Spruill et al. (2018) los cuales aseguraron que el estrés elevado se asocia con resultados adversos de la enfermedad cardiovascular y explica, en parte, la recuperación más deficiente que experimentan las mujeres en comparación con los hombres después del infarto de miocardio (IM). De este modo, los autores confirman que las intervenciones psicosociales de tercera generación mejoran los resultados en general, sumada a  las estrategias de educación en los hábitos de vida de los pacientes y la rehabilitación.

Desde el año 2010 hasta la actualidad se ha producido un gran número de investigaciones que tratan de comprender el origen de las enfermedades cardiovasculares y su prevención desde el ámbito de las terapias complementarias como el mindfulness o la educación emocional (Gu y Zhu, 2018 y O´Doherty et al., 2015). Sus resultados ponen de manifiesto la necesidad de controlar la ansiedad y la sintomatología depresiva en enfermos del corazón como principal mecanismo de actuación.

El hecho de implementar estrategias sanitarias para prevenir la ansiedad y el estrés en personas con riesgo a sufrir enfermedades coronarias resulta ser un eje directriz para la prevención. Suponiendo la mejora de la calidad del sistema sanitario y la reducción del gasto público

Esta terapia destaca por estar relacionada con las emociones, el control de la conducta y la ansiedad, elementos fundamentales que recoge el mindfulness. 

Las enfermedades coronarias se encuentran relacionadas con la impulsividad, el estrés y carencias en el manejo de la ansiedad. A través de la meditación se mejora la respiración, se aprende a comprender y aceptar el momento presente, a autodescubrirse y generar compasión hacia uno mismo. De este modo, autores como Kubzansky et al. (2018) han implementado la meditación como una terapia de tercera generación en la prevención primaria y secundaria de enfermedades coronarias de pacientes adultos. Sus resultados fueron todo un éxito, reduciendo la incidencia de infartos y anginas de pecho.

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